Hay días que…

Hay días que, a las 8:00 de la mañana, mientras espero a que Pablo salga de sus terapias, me imagino a mi misma en otro lugar.

Imagino que no despierto a Pablo a las 7 de la mañana para llevarle a terapias; me imagino a mi misma sin justificar el comportamiento de mi hijo porque ese día se ha levantado enfadado y no sabemos nadie el porqué.

Me imagino con un solo problema por las mañanas, no llegar tarde al cole ni al trabajo; mientras sé que ese día vamos a llegar al cole a las 10:00 porque la logopeda y la fisio se han puesto de acuerdo para darle a Pablo un horario perfecto para que trabaje mejor. Me imagino yendo al cole andando o subiendo las cuestas corriendo.

Me imagino a mi misma hablando con el entrenador el fútbol o de baloncesto, o comprándole las últimas zapatillas puma o nike sin mirar si le sujeta bien el pie pero no demasiado.

Me imagino preocupada por si el nivel de la clase de Pablo es alto o bajo, sin pararme a pensar si uno u otro niño, una u otra familia va a aceptar a mi hijo y sus circunstancias, si van a entender lo que le pasa o no.

Me imagino a mi misma yendo al trabajo y saliendo a cenar con amigos, sin pensar en cómo estará Pablo en el futuro.

Veo los armarios de mi casa sin medicinas de Pablo y dejo de mirar si uno u otro sitio está adaptado, si Pablo va a poder participar en todas las actividades que se propongan, sin importar si es hacer escalada o ir andando por la ciudad hasta llegar al parque más cercano.

Me veo valorando lo bien que dibuja o como pinta sin salirse del dibujo o como escribe sin importar la fuerza que haya que poner en el trazo o analizando si mi hijo lleva tres rojos o cuatro amarillos o siete verdes en las notas, en vez de irme corriendo a leer la nota de la seño sobre su evolución o comportamiento.

Me veo sin hacer una fiesta cada vez que trepa o gatea o sube solo las escaleras.

Me imagino preocupada por si mi hijo falta uno o dos días, mientras sé que ese mes tendremos que ir al hospital dos veces y al siguiente otra vez y al siguiente…quién sabe.

Y luego me doy cuenta de donde estoy y, para seguir, veo a Pablo como sube las escaleras, como empieza a correr, como intenta seguir a todos sus compañeros. Le veo cantando cada canción nada más escucharla, le escucho recitar cada canción, le veo diferenciar entre el cuadrado y el rectángulo o señalando el óvalo mientras sé que el óvalo es para un poco más mayores.

Le veo contándome con sus palabras lo que ha pasado en el cole, aunque yo no entienda nada; le veo responder en alemán o en inglés; le veo saludar, dar las gracias, decir adiós; le veo hablar con el “espetero” del chiringuito e interesarse por la vida; le veo disfrutar cada vez que consigue hacer algo que el día anterior no podía hacer.

Le veo yendo a un cumpleaños, tirándose por el tobogán, subiendo a los columpios y reírse a carcajadas…y en ese momento me doy cuenta de que él si que sabe lo que importa y, a pesar de todo, nos enseña algo nuevo cada día.

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